Hoy en día, en los 28 países de la UE, hay cerca de 650.000 presos. Únicamente 1 de cada 5 está involucrado en algún tipo de actividad y solo el 3% están trabajando para entidades externas. El desempleo, la falta de una formación a medida y la pérdida de la identidad y el sentido de pertenencia a la comunidad civil determinan un alto nivel de reincidencia entre los individuos más desfavorecidos.
Partimos de esas cifras y de la constatación de que en toda Europa se ha vuelto bastante habitual realizar actividades artísticas (y más específicamente teatrales) en los establecimientos penitenciarios para ayudar a los internos a lo largo de su proceso de rehabilitación. El proyecto incide en la falta de modelos estructurados para la validación y la certificación de las capacidades transversales y específicas que pueden ser adquiridas a través de este tipo de actividades y que también puedan ser de utilidad una vez fuera de la cárcel.